León pasó por mí aquel domingo a mi casa, eran los últimos instantes de felicidad que me quedaban junto a él. Era muy temprano y yo había dormido a lo mucho tres horas.
Sus despedidas habían durado toda la semana; el miércoles con sus amigos de la bachata; el jueves habíamos dedicado todo el día a hacer pendientes suyos, no pudo León acompañarme a mi terapia porque ese día llegaba el contenedor a su casa a recoger su camioneta y demás equipaje acumulado en los últimos seis años; el viernes hicimos en la tarde los últimos pendientes del consulado en el carro de Paula, fuimos a cenar al paseo Santa Lucía y pasamos una velada muy linda, fue a llevarme a mi casa a las nueve de la noche porque debía llevar al nuevo cónsul a una reunión.
Yo entré a mi casa exasperada porque León había arruinado nuestra última noche por atender al nuevo cónsul, entré directo a mi casa a servirme una copa de vino rosado y exclamando que iba a ponerme pijama, mi mamá me detuvo impetuosamente y en eso escuché tocar el mariachi: León me llevó mariachi y yo fui ese día (su penúltimo día) la más feliz de las mujeres. Gio y Paula nos tomaban fotos y videos, al igual que mis papás.
El sábado León tuvo su despedida oficial en mi casa, mi papá y yo inflamos unos cuantos globos para darle la sorpresa. Cuando León llegó por mí lo sorprendimos todos en mi casa. Él cocinó los patacones, Paula preparó y asó el pescado zarandeado, Gio ayudaba a Paula, mamá llevó el pastel y todos pasamos una tarde llena de risas y de anécdotas.
Después nos fuimos los cuatro al departamento de León para ayudarlo en lo último, faltaban horas para su partida, yo lo ayudaba a hacer maleta, mientras Gio fue a imprimir su pase de abordar y la prueba negativa de COVID para poder subirse al avión.
Terminamos de recoger todo y casi cerrar maletas. León me llevó a mi casa y Gio y Paula se fueron a la suya.
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Fotografía: Carolina Flores
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