¿Seré fea? me lo
he preguntado constantemente estos últimos años. Con el tiempo todo cambia: la
cara, la voz, los ojos. Si soy realmente sincera cuando miro al espejo solo puedo
ver una mujer hermosa, quizá porque veo a aquella chica de veintitrés años de
ojos verdes y muy grandes ¿o quizá no?, y veo ya a esa mujer de treinta y uno,
que camina pausado y devora libros, pero ya se considera hermosa.
Quizá todo depende del cristal con que se mire, y así vemos el vaso medio lleno o medio vacío. Quizá las niñas que me parecían muy feas en la primaria son hermosas para aquellos cristales blancos que solo ven arcoíris. Quizá un cristal con un trébol de la buena suerte atravesado se fija en una niña que a mí me parece fea. Así es la vida y el corazón, el destino y la buena suerte.
¿Será que ahora mis cristales están menos borrosos y puedo ver con mayor claridad los destellos que me envía la vida? Sin duda, debo limpiar mis cristales constantemente, ponerme linda y dejarme invitar de vez en cuando una factura argentina, sonreír y reír porque “a las niñas les gusta más, el más risueño y no el más guapetón”, dirían los Auténticos Decadentes, y a los niños también.
Precisamente ayer fui al Museo de Frida Kahlo, y pude ver en sus Autorretratos y en las fotografías que alguien más le tomaba a una mujer muy distinta. Ella no se veía quizás como esa mujer hermosa de las fotografías.
Foto 1: Autorretrato
Foto 2: Fotografía tomada por Nickolas MurayAquí un GIF para mi cuenta de Twitter
Comentarios
Publicar un comentario