León y yo nos queríamos y yo no quería despegarme un solo día de él, pero tuve que ir un sábado a Monclova a la despedida de soltera de mi prima Nanny.
Regresé el domingo, solo me había ido el sábado, y León quiso ir a mi casa a verme. No entendí el apuro, pues acabábamos de vernos hacía dos días, el viernes.
Llegando a casa comprendí el apuro. Comprendí también porque había llegado tarde a casa el viernes, a una cena importante de mi familia, y con un ramo gigantesco de rosas. Le había llegado ese viernes el anuncio de Cancillería del Ecuador donde anunciaban su retorno a Quito. Tenía mi cónsul dos días con esa noticia apretándole la garganta.
Su partida sería dentro de un mes y aprovechamos al máximo cada momento, yo acababa de terminar mi curso de poesía, así que tenía vacaciones.
Después de mis terapias los martes y jueves me iba al consulado para comer juntos, después de la comida iba a la librería que queda cerca del edificio Kalos, y cuando él salía del consulado iba por mí a la librería.
Si algún día comía con alguna amiga, me iba después al consulado para apurarlo e irnos juntos al sur de la ciudad.
Asistía a los cumpleaños de sus amigos de la bachata, las tardes cocinando con Gio, Paula y Adrián no podían faltar, las noches cantando rock tampoco.
Lo llevé dos veces a Monclova, una a conocer a mis abuelas, y la otra para conocer Cuatrociénegas, Coahuila, las dunas de yeso, el bar "El 40" y alguno que otro lugar.
Hicimos tantas cosas aquel mes. No recuerdo haber vivido antes la vida con tal intensidad, como si no hubiera mañana.
Mi cónsul se iba pronto... y yo que hace tan poco había empezado a amarlo.
#CarolinaFlores
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Fotografía: Pixabay
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