La vida no siempre es fácil.
Yo a veces lloro en la camilla de mis terapias, cuando estoy boca abajo y nadie me ve.
¿Valdrá la pena?
¿Haber dejado temporalmente mis actividades en Monterrey para venir a CDMX a tomar esta terapia?
¿Valdrá la pena?
¿Dejar de vivir para asistir a estas terapias?
¿Dejar las cenas de los viernes con mis amigos conocedores de restaurantes, mi Blanca y el catalán?
Claro que vale la pena, mejorar siempre vale la pena.
Y por eso intento vivir con lo que hago diariamente, me escapo y me doy una vuelta a la cafetería del chico de los tenis blancos, he conocido a mis compañeros de la maestría, además, iré al museo de Frida Kahlo, paseos con mi hermano me esperan, y más.
Mi día no termina con las terapias y yo continúo mis tardes paseando y escribiendo, con un buen café mi estado de ánimo siempre mejora, la tarde me sonríe.

Comentarios
Publicar un comentario